Principios

Entender la Educación para el desarrollo como herramienta para la transformación social

Después de todos los debates en torno al concepto de Educación para el Desarrollo, se considera la educación como una práctica social y política, en la medida que reconocemos en el acto de educar:

  • La relación saber-poder: El acceso al conocimiento, a los saberes más significativos de una comunidad facilitan, condicionan y determinan la posibilidad de acceso y ejercicio del poder. Saber y poder han estado históricamente muy relacionados. Son dos caras de un mismo proceso. Cuando hablamos de política nos referimos a la “construcción de poder” dentro de un contexto. Poder para hacer, para transformar la realidad de injusticia social que viven nuestras comunidades.
  • La relación educación-organización social. Toda práctica educativa que genera distintos niveles de organización (en el grupo, en el aula, en la escuela, en las organizaciones sociales) implica continuos aprendizajes que llevan a la realización de cambios en las instituciones, el barrio, la comunidad, un país, una región, etc.

El aprender a organizarnos y el ejercicio de la participación organizada pueden posibilitar y contribuir a pequeños cambios o a la transformación de la sociedad en la que vivimos. A su vez, los procesos de organización implican significativos aprendizajes que promueven cambios en los grupos, en el contexto y en los propios sujetos organizados. Los procesos de organización son fuertemente educativos.

Concepción de participación organizada y protagonismo social de infancia y juventud

Se abordan los procesos de educación para el desarrollo desde la concepción de la educación popular, como expresión y producción de una pedagogía de la autonomía o liberadora. A prácticas educativas democráticas se corresponden procesos de participación comunitaria y organización social que deben ser promovidos y acompañados.

Al invocar la participación, ésta se asocia a la práctica del protagonismo social, que entendemos como el ejercicio democrático del poder. La participación sin la asunción de derechos y deberes colectivos, no es tal. Se promueve pues la participación organizada, no solo en términos de eficacia y sustentabilidad de la participación, sino como construcción de ciudadanía.

Desde estas convicciones se construye, haciendo énfasis en la participación organizada de las personas e instituciones protagonistas, en la convicción de que la única sustentabilidad real de la acción social es aquella medible en términos de educación y organización social.

Concepción metodológica dialéctica. Perspectiva de educación popular.

La educación es la posibilidad de transformación de sí mismo, de transformación con otros y de transformación del entorno, y no sólo transmisión de conocimiento. Desde estas afirmaciones la Red se adhiere a cada uno de los postulados de la pedagogía de la autonomía; estos, en tanto verdadera pedagogía de la democracia, sintetizan los valores que se intentan construir en sus prácticas educativas.

La Red concibe los procesos de educación para el desarrollo como una constante relación dialéctica entre práctica, reflexión sobre ella y producción de conocimiento a partir de esa reflexión, que nos vuelve a llevar al replanteo y reformulación de las prácticas concretas, en función de lo aprendido.